Meditación sobre Mateo 17, 22-27

Santo Domingo

Pero al tercer día va a resucitar. (Mateo 17, 23)

La misión de traer la redención al mundo fue el motivo principal de la vida de Jesús. En el transcurso de su apostolado mesiánico, Cristo dijo a sus discípulos que cumpliría su misión mediante el sufrimiento, la muerte y la resurrección. Con anterioridad, Jesús les había dicho a tres de sus discípulos que tendría que sufrir y una vez más, estando aún en Galilea, profetizó su propia muerte.

Los apóstoles podían ver que Jesús era humano, pero también creían que venía de Dios. Por consiguiente, se sentían apenados y desconcertados a la vez por el anuncio de que le darían muerte. Por esta razón, Jesús consideró que era necesario reafirmar su divinidad y señalar que la muerte no significaba el fracaso de su misión, sino en realidad el precio de la salvación.

Ceasar image coinLa segunda parte del Evangelio de hoy se refiere a la costumbre que se había generalizado entre los judíos de pagar un impuesto anual para el Templo. Jesús consideraba que él no estaba obligado a pagarlo, porque la obligación correspondía a los súbditos, no a los hijos del rey; de ahí la analogía que usa Jesús. El Señor del Templo es Dios y Jesús es su Hijo, por lo cual no era obligación suya pagar el impuesto.

Mateo 17, 22-27A su vez Pedro (y también nosotros) por su unión con Cristo también adquiría la condición de hijo de Dios y por consiguiente tampoco estaba obligado a pagar el impuesto, pero para no escandalizar a nadie el Señor le manda sacar una moneda de la boca de un pez y pagarlo. Es una actitud de respeto por lo que representa el Templo, que es la casa de Dios.

En la sociedad moderna no se puede evadir el pago de los impuestos. Es más, si no los pagáramos estaríamos dejando de cumplir nuestro deber cívico y de participar en la financiación de los programas gubernamentales para el bien común. De modo que aun siendo un “pueblo sacerdotal que pertenece a Dios” (1 Pedro 2, 5), los cristianos también debemos pagar los impuestos a las autoridades legítimas de nuestras ciudades y países.

“Señor, Padre santo, te doy gracias porque me has recibido como hijo tuyo mediante el sacrificio redentor de tu Hijo Jesucristo. Ayúdame a comprender que, siendo hijo tuyo, es justo que pague los impuestos aquí en la tierra como testimonio de buena ciudadanía.”

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Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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