Meditación sobre Marcos 7, 24-30

La mujer sirofenicia estaba dispuesta a hacer todo lo que fuera posible para buscar curación para su hija. Estaba desesperada, Pero cuando el nuevo profeta judío llegó a su pueblo, las diferencias culturales perdieron toda validez para ella.

¡Había llegado alguien que podía ayudarle! Eso era todo lo que importaba.

Marcos 7 #2Seguramente nos asombra la determinación de esta madre, que pasó por alto los prejuicios culturales para postrarse a los pies de Cristo pidiendo misericordia para su hija. Después de todo, no era mucho lo que ella podía esperar de sus vecinos judíos: era mujer y, además, no era judía. Pero había oído hablar del profeta y de su poder para curar y expulsar a los espíritus malos. Llena de amor maternal y angustia, nada la iba a detener para conseguir algún alivio para su hija… y Jesús no la decepcionó.

La gente de la antigüedad estaba muy consciente de la realidad de los espíritus malignos y los estragos que causan en las personas. Muchas de las demostraciones de poder que hizo Jesús fueron liberaciones de personas que se encontraban atadas y poseídas por demonios y atormentadas física o mentalmente. Este fue, sin duda alguna, un elemento esencial de su misión: “La razón por la cual el Hijo de Dios se manifestó fue para destruir las obras del diablo” (1 Juan 3, 8).

Hoy, el mundo se burla cuando se habla de los demonios, porque la psicología atea moderna descarta categóricamente esa posibilidad, calificándola de “superstición”. Sin embargo, la maldad fratricida, el flagelo del terrorismo y el narcotráfico, la corrupción moral y tantos otros males instigados por el egoísmo, el fanatismo y el afán de ganar dinero, son todas acciones —para quienes tienen sensibilidad espiritual— emanadas del mundo de los demonios, cuyo jefe, Satanás, “anda rondando, como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5, 8).

helping handGracias a Dios, tenemos la fuerza del Espíritu Santo que se manifiesta a través de la Iglesia para contrarrestar y combatir el mal, pero cada uno de nosotros los fieles, tú y yo, tenemos que combatirlo también en nuestro propio interior, y la mejor manera de hacerlo es someternos cada vez más a Cristo (Santiago 4, 7).

“Amado Jesús, amigo cercano y poderoso libertador, hoy quiero someterme a ti sin reservas para que me libres a mí y a mis seres queridos de la influencia del maligno, para hacer tu voluntad y no la mía.”

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About hermanasmisioneras

Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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