Meditación sobre Marcos 6, 53-56

Es cierto que a veces la vida es difícil y las relaciones humanas son complicadas; las pruebas y dificultades llegan una tras otra, sin mencionar el cotidiano desafío de vivir en un mundo que no reconoce el poder del Evangelio y que muchas veces lo combate y que necesita curación física, sanación emocional y paz de espíritu.

Jesus walking on waterCuando Jesús caminó sobre las aguas del mar, muchísima gente reconoció que tenía poder para hacer milagros y curar las enfermedades; por eso lo seguían las multitudes y el Señor siempre los atendía con amor y misericordia. Por ejemplo, la mujer enferma de hemorragias no hizo más que tocar el borde del manto de Jesús y quedó sana (Marcos 5, 24-34). El Señor hizo, en un segundo, lo que muchos médicos no pudieron lograr en muchos años. Pensemos también en la mujer conocida como pecadora; ella lloró a los pies de Cristo y al derramar lágrimas de arrepentimiento y amor, recibió el toque sanador de Jesús (Lucas 7, 36-50). Todo el dolor y la vergüenza de su pasado desaparecieron y ella se transformó en una persona nueva.

Los cristianos sabemos que la única respuesta válida y eficaz para las heridas que nos causa la vida en este mundo es Cristo Jesús. Dios desea satisfacer todas nuestras necesidades en Cristo Jesús; quiere sanarnos y llenarnos de la paz y la vitalidad de su propia vida. Jesús curó a mucha gente en su ministerio, incluso hasta los últimos días; luego, al ascender al cielo, confirió a sus apóstoles el poder de realizar curaciones milagrosas (Hechos 3, 6-8; 19, 11-12), cosa que efectivamente ha ocurrido en la Iglesia desde el principio. Hoy día Cristo sigue actuando, por intermedio de sus ministros ordenados, para sanar y salvar a su pueblo de todas sus dolencias y tribulaciones.

ayudame senorAmigo, ¿qué necesitas tú hoy día? ¿Tienes alguna dificultad de salud, financiera o familiar? No dejes que el problema te nuble la vista; ponte en presencia de Dios y deja que tu Padre te abrace y te reconforte. Deja que Cristo derrame su Sangre redentora sobre ti, te proteja y te sane. Él te está esperando; ¡no dejes de acudir a su lado hoy mismo!

“Jesucristo, Salvador mío, creo que tú eres mi Señor y mi Sanador. Te pido que me cures a mí y a mis seres queridos de todas las heridas o enfermedades físicas, emocionales y espirituales que tengamos. Señor, llénanos de tu amor.”

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Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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