Meditación sobre Marcos 1, 40-45

“Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó.” (Marcos 1, 41)

leproso3 without borderEl leproso del Evangelio de hoy tuvo suficiente fe para aproximarse a Jesús y pedirle curación, y su fe le fue recompensada. De acuerdo con la ley judía, los leprosos debían mantenerse aislados de la sociedad, para no contagiar a nadie. Por eso, este leproso tuvo que vencer primero su temor a infringir la ley para pedirle al Señor que lo curara. Ciertamente creía que Jesús podía sanarlo, y el Señor, viendo que su fe era auténtica, se compadeció de él y lo sanó.

Este pasaje contiene no sólo el relato de la curación; también deja entrever la incomparable naturaleza de la salvación que Jesús trajo al mundo, y nos ayuda a entender el Evangelio bajo esta la luz. En esta lectura vemos que todos necesitamos el toque sanador de Jesús, y que si nos aproximamos a él con fe, confiando en que él está deseoso de curarnos, recibiremos la salvación. La curación que recibió el leproso y la que Jesús quiere darnos a nosotros no es sólo de tipo físico, sino una que nos ayuda a encontrarnos con Dios y conocer su vida.

leper and st. francisMientras hacemos oración, leemos la Escritura y participamos en la Liturgia, y si lo vemos en el rostro de los demás, el Espíritu Santo nos revelará la superabundante generosidad de Cristo y el amor de Dios, y desearemos acercarnos a él. No debemos olvidar que san Francisco de Asís encontró a Dios en un leproso. El Señor le inspiró tal fe, que oró con sencillez: “Te adoramos, Señor Jesucristo, aquí y en todas las iglesias del mundo entero, y te bendecimos, porque por tu santa cruz has redimido al mundo” (El Testamento de San Francisco de Asís, 1).

En general, no solemos reconocer conscientemente la incomparable realidad de la salvación que recibimos en Cristo. Los problemas que enfrentamos durante el día y los deseos que tenemos de cosas que creemos que nos hacen falta, nos satisfacen o nos agradan, nos hacen centrarnos en nosotros mismos y olvidarnos del amor que Dios nos expresa en Jesús. En tales momentos, hay que hacer un alto y recordar la gloria de Cristo y su plan para darnos vida.

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El Papa Francisco I besa los pies de un niño enfermo.

1 Samuel 4, 1-11; Salmo 43, 10-11. 14-15. 24-25

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Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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