Meditación sobre Marcos 1, 21-28

La vida pública de Jesús había comenzado.
¡Nadie había visto jamás algo semejante!

Marcos 1, 21-ss enseñaba con autoridadLa gente se maravillaba: “¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva y con plena autoridad! ¡Incluso a los espíritus impuros da órdenes y le obedecen!” (Marcos 1, 27). Cristo hablaba con poder y autoridad: sus palabras llegaban al corazón de las personas y delante de todos curaba a los enfermos, perdonaba a los pecadores y expulsaba a los espíritus inmundos. Los que presenciaban estas cosas se quedaban asombrados; no eran meros sermones, sino una “demostración del poder del Espíritu” (1 Corintios 2, 4).

El intelecto humano está plenamente capacitado para analizar cada una de las verdades del Evangelio, y así debe ser, para que no nos sintamos confundidos ni seamos engañados por el Maligno. Pero hay algo todavía más importante y más poderoso que Cristo vino a darnos: El Señor vino a anunciar la verdad en su esencia pura, como una realidad capaz de librarnos de las ataduras del pecado (Juan 8, 32), y lo hizo con palabras dotadas de una fuerza que nos convence, nos consuela, nos sana y hasta nos libra del mal. Sus palabras abarcan todo el entendimiento humano, pero no quedan limitadas por ese entendimiento.

¿Conoces tú, querido lector, la verdad del Evangelio al punto de poder experimentar la gracia de Dios y verte libre de tus ataduras? ¿Experimentas libertad, gozo y una relación personal y directa con Cristo al escuchar la proclamación de su Palabra en la santa Misa, al leer la Escritura o al hacer oración personal? Esta es la herencia que tenemos como hijos de Dios. Cuando experimentamos el amor divino, brota del corazón el deseo de someternos por completo a la Palabra del Señor.

Heart in handJesús está esperando que lo invitemos a vivir en nuestro ser interior, el centro mismo del ser humano. El corazón es el lugar en el que tomamos las decisiones y donde nos encontramos con Dios y él nos manifiesta su amor tierno y poderoso: “El corazón es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2563). Recibamos, pues, a Jesús con el corazón abierto de par en par, para que su poder nos transforme radicalmente.

“Señor, te invito hoy a entrar en lo más recóndito de mi ser para que me unas a tu Sagrado Corazón. Líbrame, Señor, de todo mal y enséñame a vivir siempre para ti.”

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About hermanasmisioneras

Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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