Meditación sobre san Lucas 12, 39-48

La Escritura enseña que toda la humanidad quedó contaminada por el virus de la tendencia al mal, es decir, aquella “herencia” que nos dejaron Adán y Eva. Conforme pasan los años, todos seguimos esa tendencia cuando no obedecemos los mandamientos de Dios, y esto perjudica enormemente la vida propia, la vida familiar y la vida de las culturas y pueblos enteros.

Adan y EvaEntonces, ¿cómo vamos a llevar una vida santa si el pecado es parte de lo que somos desde que nacimos? Sí, san Pablo afirma que hemos heredado el pecado original de Adán y Eva, y por ende la condenación que lo acompaña, pero también señala que los fieles hemos heredado la justicia y la vida eterna que nos obtuvo Jesucristo gracias a su sacrificio redentor.

jesusperdona

Entonces, ¿cómo podemos rechazar la herencia de Adán y recibir solamente la gracia de Jesús? La clave es creer de corazón en Cristo, recibir los sacramentos e iniciar una vida de obediencia a los mandamientos de Dios y de amor al prójimo. Así, el Espíritu Santo viene a nosotros, nos hace criaturas nuevas y nos da la capacidad de rechazar el pecado y no dejarnos dominar por él.

Pero hay que iniciar una comunión personal y sincera con el Señor. Luego, cuando surjan las batallas contra el pecado y la tentación, hay que mantenerse firme en la fe y reafirmar la unión con Cristo, como lo dice san Pablo: “No dejen que el pecado domine su cuerpo mortal… no pongan sus miembros al servicio del pecado, como instrumentos de maldad. Por el contrario, pónganse al servicio de Dios, puesto que habiendo estado muertos, él les ha dado la vida” (Romanos 6, 12-13).

Jesus_between trees in golden colorLa experiencia propia le enseñó a san Pablo que ni el sentido del deber moral ni el miedo al castigo son suficientes para hacernos avanzar por el camino de la justicia. Necesitamos estar unidos a Cristo. Cada día debemos reafirmar la fe de que vivimos en Cristo y para él. Si renovamos la fe de esta manera, veremos que el dominio del pecado va disminuyendo en nuestra vida y nos empezaremos a llenar de un sentido de gratitud y gozo cada vez más grandes.

“Jesús, Señor mío, tú eres digno de toda alabanza. Te doy gracias por la libertad que me has dado frente al pecado y te ruego que me ayudes a rechazar el mal y entregarme a ti para vivir rectamente.”

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Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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