Meditación sobre san Lucas 6, 6-11

Cristo y posteriormente sus discípulos fueron objeto de rechazo y persecución por parte de los jefes religiosos, los escribas y los fariseos. Hoy leemos que ellos condenaban a Jesús por curar a un paralítico en día de reposo, porque según entendían, la voluntad de Dios era que sus fieles cumplieran la Ley al pie de la letra, sin importarles el sufrimiento o el dolor del prójimo. En cambio, la enseñanza de Jesús reflejaba la doctrina de que todo el que deshonra al prójimo no puede honrar a Dios, y todo lo que no se haga por aliviar el sufrimiento y la miseria de alguien cuando es posible hacerlo, incluso en día de reposo, es malo.

Jesus_Luke_Chapter_6-11_withered hand 2Los fariseos observaban atentamente a Jesús porque lo consideraban un “curandero” (Lucas 6, 7) e interpretaban que la Ley sólo permitía la atención médica en día de reposo cuando se trataba de parto, circuncisión o enfermedad mortal. Pero afirmaban que curar en este día, por cualquier otra razón que no fuese de vida o muerte, como Jesús lo hacía, era un claro quebrantamiento del reposo sabático.

Jesús, que conocía el corazón de los escribas y fariseos, llamó al hombre de la mano tullida y confrontó a los maestros de la Ley y los fariseos preguntando si estaba permitido hacer el bien o hacer el mal en día de reposo (Lucas 6, 8-9). Sabía que el sábado fue dado para glorificar a Dios, y por lo tanto era lícito aliviar el sufrimiento del prójimo, aun contraviniendo la Ley, porque así se glorificaba a Dios. Por eso, le dijo al hombre que estirara la mano paralizada y cuando éste lo hizo, quedó sano, pero los escribas y fariseos se pusieron furiosos.

¿Cuántas veces adoptamos nosotros las mismas actitudes de crítica, rechazo o falta de perdón, que restringen o impiden la acción de Dios y el fruto de nuestra práctica religiosa? ¿Rendimos honor a Dios preocupándonos realmente de aliviar el dolor del prójimo? Jesús nos pide, con su amor y compasión, que vivamos como él vivió, perdonando y haciendo el bien.

Jesus hold an arm up“Señor Jesús, concédenos la gracia de reconocer cuánto necesitamos tu mano sanadora en nuestra vida y permite, Señor, que tu luz resplandezca en nosotros, para que aprendamos a amar a Dios y al prójimo; así podremos regocijarnos en ti, nuestro Señor y Salvador, y dar gloria a Dios.”

 

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Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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