Meditación sobre Mateo 14,13-21

Al regresar a Nazaret, después de predicar a grandes multitudes e instruir a sus discípulos, Jesús venía bastante cansado; sin embargo, cuando habló a los de su propio pueblo en la sinagoga, éstos no lo recibieron con palabras de ánimo. Por el contrario, “se negaban a creer en él” (Mateo 13,57). Sin duda Jesús debe haberse sentido físicamente agotado; exhausto mental y emocionalmente. Así estaba cuando le llegaron noticias de la muerte de Juan el Bautista, a quien Herodes había mandado decapitar porque le resultaba molesto.

No es difícil, pues, entender por qué Jesús quiso irse de allí “subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario”. Probablemente necesitaba tranquilidad para pensar, orar y recibir la fuerza consoladora de su Padre. El Bautista era de su familia, su amigo y su precursor. Probablemente, quería tiempo para lamentar la muerte de suprimo, como cualquiera lo haría. Tal vez presentía que la muerte de Juan era un presagio de lo que le esperaba en su propia vida.

loaves and fishesEs imposible saber qué pensaba Jesús; pero cualesquiera hayan sido sus inquietudes, las dejó de lado para atender a la gente que venía a interrumpir su reposo. Dice el Evangelio que cuando “vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos” (14,14). Así es el corazón del Mesías: Se olvida de sí mismo para atender a los demás. Igualmente, viendo que la multitud tenía hambre, multiplicó los panes y los pescados, y así demostró el significado de la Eucaristía: En la mesa del Señor, día tras día, Jesús no se cansa de darse personalmente para curar y salvar.

Cristo no se preocupa de sí mismo, sino que se da por entero para atender a los demás. ¿No es esto lo que se nos pide a nosotros también? En realidad, no tenemos que esperar a que desaparezcan los dolores y las frustraciones de la vida; si confiamos en el poder del Espíritu Santo, también seremos capaces de atender al prójimo, aunque tengamos nuestras propias dificultades que resolver. Así es como el Espíritu puede multiplicar los efectos del trabajo que hagamos, tal como Jesús multiplicó los panes y los peces.

centro_de_acopio_para_damnificados_de_santa_cruz.expand_VZLA“Jesús, Salvador mío, dame tu fortaleza para anunciar el Evangelio. Derrama el espíritu de compasión sobre tus fieles, para que yo no me fije en mí mismo y así llegue a ser tu servidor en este mundo.”

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About hermanasmisioneras

Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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