XI Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C

Meditación: San Lucas 7,36 a 8,3

Cuando una mujer conocida como pecadora se enteró de que Jesús estaba invitado a comer a casa de un fariseo llamado Simón, decidió ir a ver al Señor. Allí, comenzó a derramar sus lágrimas sobre los pies de Jesús, se los secaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con el perfume. El Señor no la rechazó ni quitó los pies, sino que permitió que la mujer le hiciera este singular homenaje de amor y arrepentimiento. Al ver esto, el fariseo pensó: “Si este hombre fuera profeta, sabría que la mujer que lo está tocando es una pecadora, conocería a la mujer y lo que vale.”

ImageAsí somos los humanos. Prontos a la crítica, la condenación, el juicio para otros, pero lentos para reconocer las faltas propias. Vemos la paja en el ojo ajeno, y se la queremos quitar, pero no vemos la viga que llevamos en el nuestro.

Lo hermoso es que Jesús no condena ni al fariseo ni a la pecadora, porque tiende la mano a todos los que se encuentran perdidos y extraviados por los caminos de la vida. El fariseo peca de orgulloso de su posición social y de sus prácticas piadosas, convencido de que por ellas se gana el favor de Dios, y desprecia a los que no cumplen como él las leyes de su religión.

La mujer, llena de vergüenza, se sabe condenada, criticada y menospreciada por todos, pero ha visto que Jesús es distinto: es compasivo y pronto a perdonar. Es su única esperanza. Y qué alivio y alegría cuando Jesús, tras defenderla de la condenación de los comensales, le dice con amor y compasión: “Tus pecados te quedan perdonados… Tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lucas 7,48.50). La mujer sale de ahí transformada en otra persona, completamente nueva, porque ha nacido de nuevo por la gracia de Dios. ¡Qué hermoso himno a la misericordia de Dios!

“Amado Jesús, ¿qué sería de nosotros sin tu divina misericordia? Te doy gracias porque sé que, aunque no lo merezco, puedo contar con el perdón de mis pecados y faltas cada vez que me arrepiento y te los confieso. Gracias, Señor y Salvador mío.”

2 Samuel 12,7-10.13; Salmo 32, 1-2 .5.7.11; Gálatas 2,16.19-21

Advertisements

About hermanasmisioneras

Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
This entry was posted in Reflexiones biblica and tagged , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s