San Agustín de Cantorbery – Meditación de Marcos 10,17-27

Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. (Marcos 10,21)

Lo más seguro es que el joven rico jamás se imaginó que Jesús le diría semejante cosa. Sin duda le parecía que tenía todo a su favor; pero no estaba dispuesto a despojarse de sus bienes y perder prestigio entre los de su círculo social para seguir a Jesús. Simplemente no podía renunciar a sus riquezas y así se privó de la vida plena que el Señor le estaba ofreciendo.

Lo que Cristo le proponía era en realidad iniciar una transformación completa de sus conceptos de seguridad, y adoptar una vida iluminada por el Espíritu Santo, para lo cual tenía que renunciar a la seguridad que le daban sus bienes materiales y confiar en la protección de Dios, lo cual le haría encontrar la verdadera felicidad. Este paso de la confianza en las riquezas materiales a la confianza en el amor y la providencia de Dios, es el que este hombre no pudo dar.

No es que el Señor quiera que todos seamos pobres; más bien, quiere que tengamos bien puestas las prioridades en la vida y confiemos en que Él nos dará todo lo que necesitamos para vivir en forma digna y santa (v. Mateo 6,33), y así tengamos vida y vida en abundancia (Juan 10,10). El Señor sabe lo que cada cual necesita para adoptar esa vida, por eso nos pide renunciar a todo aquello que nos tenga encadenados, ya sea el afán de riqueza, un hábito o una adicción, el deseo de dominación, o lo que sea. Frente a Cristo, todos tenemos que definirnos: ¿Estamos dispuestos a confiar realmente en Dios y adoptar el estilo de vida que Él nos propone?

A veces se nos ocurre que jamás podremos hacer lo que Jesús nos pide, pero el Señor quiere darnos la seguridad de que todo es posible con Dios. Si Cristo nos pide hacer algo difícil, debemos confiar también que Él nos mostrará el camino y nos concederá la gracia necesaria para hacerlo. Si nos pide que renunciemos a nuestros propios planes, lo hace porque desea crear un espacio en nuestro corazón para que Él pueda hacer allí su morada. ¡No le cierres la puerta de tu corazón!

“Cristo, Salvador mío, sé que Tú conoces perfectamente los ámbitos de mi vida que necesito cambiar. Ayúdame, Señor, para ser dócil al poder transformador de tu Espíritu Santo.”

Eclesiástico 17,20-24; Salmo 32,1-2.5-7

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About hermanasmisioneras

Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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