UN PADRE LLENO DE AMOR Y DE ESPERANZA

Por Ángel Gómez Escorial

Uno de los mayores descubrimientos del cristiano es cuando accede a la “noticia” de que es el Padre quien lo quiere, sin importar si uno mismo ama, o no, al Padre. También que ese amor de Dios nos llega personalizado, no como un reparto de cariño inmenso a toda una masa. En algún lugar de la mente de Dios está nuestro nombre, nuestra peripecia, nuestra vida. Es, precisamente, a ese conjunto que forma nuestra persona a quien ama Dios. También, que nos amó a todos –uno a uno– antes de que nosotros le amasemos a Él. El Antiguo Testamento es la historia de un Dios Padre que busca la fidelidad y el amor de su pueblo. Esta pronto a perdonar y dispuesto a cumplir –o reiniciar– una vieja Alianza.

contemplando-el-universoNo es fácil apercibirse de este hecho que, sin duda, eleva al hombre a lo más alto. Que el Supremo Poder nos ame individualmente y con exacto conocimiento de nuestra persona produce vértigo de altura. Y si fuéramos coherentes con esa realidad nunca –por ejemplo– pecaríamos, ni romperíamos nuestra relación con Dios. Pero esto último ocurre con frecuencia y como hijos díscolos y aventureros nos vamos a gastar nuestra fortuna de Amor y Gracia a cualquier parte.

Nada ha podido definir mejor el amor del Padre como la Parábola del Hijo Pródigo. Y, claro, al salir de los labios de Jesús, que es Dios, se trata de una confirmación de la existencia del amor divino. Sobre el mismo amor está construido todo el edificio de nuestra relación con Dios. Y ante dicha realidad son incompatibles las ideas del Dios solitario o terrible, o del Dios lejano o inaccesible. E, incluso, tras comprender al Dios del Amor, hay que hacer un enorme esfuerzo para pensar en el Dios fuerte, grande, poderoso, principio y fin de todo. Pero el Dios astronómico cuya grandeza se inserta –por ejemplo– en la dimensión enorme de los espacios exteriores es el mismo que nos ama y nos cuida. Cristo nos da otra “pista” sobre la relación de amor con el Padre y es la forma con que el mismo Jesús le llama: “Abba”. La traducción más aproximada de “Abba” es la de “papá” o, incluso, “papaíto”. Jesús como Hijo, llama al Padre: “Abba”. Y quiere que nosotros también le llamemos de esta forma.

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La liturgia nos ofrece además este domingo otra pieza incomparable del Amor de Dios. El Salmo 33 es todo un cántico a la misericordia del Señor. “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias”, dice uno de sus versos. Es bueno en tiempos de muchos problemas leer y releer el Salmo 33 y descubrir que, en efecto, es Dios quien nos libra de ellas si evidentemente se invoca y consulta al Señor. Con, más o menos, recorrido la mitad del camino de la Cuaresma, la Iglesia elige unos textos que dan la clave de donde debe estar nuestra reconciliación con Dios. Precisamente serán su amor y su ayuda vínculos básicos para seguir un camino coherente por nuestra parte y en justa relación con el enorme amor que nos tiene.

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Y para terminar sólo quiero pediros oraciones por todo lo que está ocurriendo en Roma. Por el trabajo de la Iglesia a la búsqueda de un nuevo Papa. Es el Espíritu Santo quien mueve a la Iglesia y el no necesita de nuestras oraciones, pero gusta de ella. Oremos mucho en esta hora tan especial.

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About hermanasmisioneras

Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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