Transformados por la espera paciente del Señor

Semana de Oración por la Unidad Cristiana 2012—Día 2

 ¡Déjalo así por ahora! Es menester que cumplamos lo que Dios ha dispuesto (Mt 3,15)

En este día nos concentramos en la espera paciente del Señor. Para lograr cualquier cambio se requiere perseverancia y paciencia. Orar a Dios para alcanzar una transformación es también un acto de fe y de confianza en sus promesas. Esta espera del Señor es esencial para todos los que oran por la unidad visible de la Iglesia en esta semana. Todas las actividades ecuménicas requieren tiempo, atención mutua y acción conjunta. Todos estamos llamados a cooperar con la obra del Espíritu que une a los cristianos.

Lecturas
1 Samuel 1,1-20 La confianza
de Ana y la espera paciente
Salmo 40 La espera paciente del
Señor
Hebreos 11,32-34 Por la fe conquistaron reinos, gobernaron con justicia
Mate0 3,13-17 ¡Déjalo así por ahora! Es menester que cumplamos lo que Dios ha dispuesto.

Comentario

La victoria está frecuentemente asociada al triunfo inmediato. Todos conocemos el gusto del éxito cuando, después de una prueba difícil, llega el turno de las felicitaciones, del reconocimiento y también de las recompensas. En este momento de alegría casi nadie es consciente que, desde una perspectiva cristiana, la victoria es un proceso de transformación a largo plazo. Este concepto de victoria transformadora nos enseña que ella tiene lugar en el tiempo de Dios, no en el nuestro, lo que nos invita a una confianza paciente y a una profunda esperanza en Dios.

Ana da testimonio de esta paciencia en la confianza y la esperanza. Después de muchos años de esperar quedarse embarazada, ella pidió a Dios tener un hijo, con el riesgo de que las lágrimas de sus oraciones fueran tomadas poco seriamente por el sacerdote que estaba en la entrada del templo. Cuando Elías le aseguró que Dios atendería su oración, simplemente creyó, esperó y dejó de estar triste. Ana concibió y dio al mundo un hijo al que llamó Samuel. La gran victoria aquí no es de las naciones ni de las armas, sino la de una lucha íntima y personal. Al final, la confianza y la esperanza de Ana no sólo llevan a su transformación personal, sino también la de su pueblo, para quien el Dios de Israel ha intervenido en su hijo Samuel.

El salmista se hace eco de la espera paciente de Ana en medio de otro tipo de lucha. También él pidió verse libre de una situación que es desconocida para nosotros, pero que es insinuada al hablar de ‘fosa desolada, fango cenagoso’. Él da gracias a Dios que quita la vergüenza y la confusión, y continúa confiando en su amor inquebrantable.

El autor de la Carta a los Hebreos recuerda la paciencia de personas como Abraham (6,15) y otros que han salido victoriosos por la fe y la confianza en Dios. Entender que Dios interviene y maneja los hilos de la historia humana evita la tentación de querer triunfar a modo humano.

En el Evangelio, la voz del cielo en el bautismo de Jesús proclamando “éste es mi Hijo amado” parece garantizar el éxito inmediato de su misión mesiánica. Sin embargo, resistiéndose al diablo, Jesús no sucumbe a la tentación de entrar apresuradamente en el Reino de Dios sin demora, sino revela pacientemente lo que la vida en el Reino significa a través de su propia vida y su ministerio que conduce a su muerte en la cruz. Aunque el Reino de Dios irrumpe de forma definitiva con la resurrección, todavía no se ha realizado plenamente. La victoria definitiva no se producirá hasta que el Señor vuelva. Por eso esperamos con paciente espera y confianza, implorando “Ven, Señor Jesús”.

Nuestro deseo de la unidad visible de la Iglesia requiere espera paciente y confiada. Nuestra oración por la unidad cristiana es como la oración de Ana y del salmista. El trabajo por la unidad de los cristianos se parece a los hechos relatados en la Carta a los Hebreos. Si esperamos pacientemente, no es por impotencia o pasividad, sino porque tenemos profunda confianza en que la unidad de la Iglesia es don de Dios y no un logro nuestro. Esta paciente espera, esta oración y esta confianza, nos transforma y nos prepara para la unidad visible de la Iglesia, no como nosotros la pensamos, sino como Dios la da.

Oración

Dios fiel, tu mantienes tu palabra en todo tiempo. Haz que, como Jesús, tengamos paciencia y confianza en tu amor inquebrantable. Ilumínanos por tu Espíritu Santo para que no obstaculicemos la plenitud de tu justicia por nuestros juicios apresurados, sino que seamos capaces de descubrir tu sabiduría y tu amor en todas las cosas. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Preguntas para la reflexión

  1. ¿En qué situaciones en nuestra vida debemos tener una mayor confianza en las promesas de Dios?
  2. ¿Qué aspectos de la vida de la Iglesia están particularmente expuestos a la tentación de actuar precipitadamente?
  3. ¿En qué situaciones debemos esperar los cristianos y cuándo debemos actuar juntos?
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About hermanasmisioneras

Hermanas, Misioneras Auxiliares del Sagrado Corazón serviendo el Pueblo de Dios en los Estados Unidos, Puerto Rico, y Venezuela.
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